¿Cómo es el verano de un escritor?

¿Cómo es el verano de un escritor?

Si me sigues desde hace un tiempo, probablemente echaste de menos el post de la semana pasada. Y, si también eres suscriptor de mi canal de YouTube, sabrás que tampoco hubo vídeo. Esto se debe a que el verano ha traído consigo nuevas responsabilidades. Por ejemplo, la Editorial Titanium ya se ha puesto manos a la obra con la portada de El legado del bardo y los emails entre el ilustrador y yo tienen prioridad absoluta. (¡La cubierta ya está casi lista!).

También he conseguido el temario de las oposiciones de Auxiliar de Biblioteca a las que me presento el 18 de septiembre y he comenzado a subrayar los primeros temas. Por no hablar de que ya me han llegado las primeras impresiones de los lectores beta sobre el #ProyectoP, esa novela corta feelgood que espero que puedas leer el año que viene. Y así puedo tirarme un largo etcétera.

Vamos, que cuando todo el mundo se va de vacaciones (al menos hasta este apocalíptico 2020), es cuando los escritores (generalizando, por supuesto) más trabajamos en cuanto a escritura se refiere. Y es que ¿alguna vez te has planteado cómo es el verano de un escritor?

Qué hacen los escritores en verano

¿CÓMO ES EL VERANO DE UN ESCRITOR?

En un mundo ideal, el escritor habría dejado todas sus redes sociales y contenido del blog programados antes del solsticio de verano. En las últimas semanas de junio planificaría una escaleta hermosa llena de colores que le harían de mapa del tesoro cuya meta sería su mejor novela hasta la fecha. A continuación, en julio escribiría el primer borrador de esa maravillosa historia. En agosto la revisaría y enviaría a los lectores beta. Después, en septiembre, le daría los últimos retoques teniendo el feedback de esos lectores cero tan críticos, observadores y puntuales.

Y para cuando llegara el equinoccio de otoño, el libro ya estaría en proceso de lectura o de corrección profesional. Además, como esa novela estaría tan bien escrita, el corrector no tardaría más de una semana en tenerlo listo. Semana en la que el ilustrador habría diseñado la portada y cubierta más hermosas que se hayan visto nunca en un libro. Con lo cual, el escritor podría ir moviendo el libro ya en redes poniéndole la miel en los labios a su fiel comunidad de lectores ávidos de devorar esas letras que han surgido de la magia estival. Esas semanas de hype le servirían al maquetador para terminar de colocar todo en su sitio (filigranas y decoración del número de página y comienzos de capítulos incluidos).

De manera que, para noviembre, durante la campaña de Navidad, el libro arrasaría en preventa, todo el mundo lo regalaría por Navidad a sus seres queridos y el autor tendría regalías para pagar las facturas de todo el año siguiente.

Regalar libros por Navidad
Imagen de Ylanite Koppens en Pixabay

 

¡Qué bonito suena! ¿Verdad? Pues no. La realidad no es así. Al menos, para la mayoría de los mortales. Por lo que he podido bichear en redes sociales de otros compañeros de profesión, sí es cierto que los veranos se suelen aprovechar para escribir. Sin ir más lejos, El legado del bardo terminó de escribirse el verano pasado escribiendo religiosamente todos los días. Bien tempranito, eso sí, que había que trabajar de niñera por la mañana y por la tarde.

Otra autora que también aprovecha el verano para darle forma a esas ideas y notas que tiene sobre sus historias es Ana González Duque. Además, en su última newsletter nos chivó algunos consejos para escribir de manera efectiva este verano. No te los voy a copiar, porque es contenido exclusivo para sus suscriptores (¿cómo que aún no estás suscrito a la newsletter de Ana?), pero sí te los puedo resumir: planificación y compromiso con una rutina de escritura realista. Porque, al igual que yo, los escritores tenemos que dedicarnos a más cosas aparte de escribir durante el verano. Ojalá poder tirarnos ocho horas todos los días escribiendo…

Pero en la mayoría de los casos no es así: familia, otros trabajos, tiempo de desconexión, contenido para no descuidar nuestras redes sociales, formación, documentación y planificación de futuros proyectos… Esto último es, precisamente, lo que va a hacer Paola C. Álvarez. Ella va a estar liadísima, pero no escribiendo una novela, sino trabajando en otro proyecto (¿tienes tanto hype como yo por saber de qué se trata?).

Y, en definitiva, esto es lo que nos espera a la mayoría de escritores: escribir todo lo que esté dentro de nuestras posibilidades, sin dejar de lado el resto de nuestras responsabilidades y proyectos.

A veces sueño con un Camp Rock, un campamento de música, pero enfocado a la literatura. ¿Qué tal un Lit Camp? ¿Camp Lit? Bueno, el nombre hay que pulirlo. Pero serían cinco semanas dedicadas por completo a la formación, a desarrollar la creatividad, trabajar el networking, pulir el estilo, aprender algunos secretos de corrección y, sobre todo, ¡escribir! Sin distracciones, a la orilla de un lago, en cabañas de madera, con un surtido infinito de velas aromáticas y más libros que la biblioteca de la Bella y la Bestia en los que poder encontrar referentes, ejemplos, inspiración o, simplemente, desconexión. ¿Qué te parece la idea? ¿Te apuntarías?

Escribir en verano
Imagen de Lerkrat Tangsri en Pixabay

 

Pero la verdad es que ese campamento no existe (todavía). Cada autor debe hacer malabares con otras responsabilidades, exactamente igual que el resto del año. Son muy pocos los que viven solo de los libros que escriben. Y, aunque las horas de sol sean más que en enero, por ejemplo, el día sigue teniendo solo 24 horas. Horas que cada uno debe analizar y planificar para que cada minuto del día sea de calidad, aprovechando así el tiempo dedicado a la literatura, a otros proyectos, trabajos, a nuestra familia, amigos, hobbies, momentos de selfcare

Porque, aunque el ritmo se desacelere un poco (¡menos mal!) y no tengamos tanto estrés como el resto del año, nuestro verano no es un campamento de literatura. ¿Tienen vacaciones los escritores, entonces? Yo creo que nadie que se dedique al arte tiene auténticas vacaciones. Las ideas y la imaginación no descansan; nuestro trabajo de darles forma y crear una obra consumible para el público, tampoco.


Por todo esto me he visto obligada a desacelerar, precisamente, el ritmo de mis publicaciones. De manera que mi contenido en redes sociales este verano queda tal que así:

Blog: uno o dos artículos al mes.

YouTube: un vídeo a la semana o uno cada dos, dependiendo de si llego bien a todo.

Instagram: predominará el contenido por stories, habrá alguna foto ocasional y directos (que se guardarán en IGTV) hablando de algún libro en concreto o leyendo fragmentos. Esto se debe a que al configurar el calendario editorial de YouTube, vi que no había espacio para la sección Empezando a leer…, así que se muda a Instagram.

Twitter: seguiré compartiendo artículos interesantes de otros compañeros y os avisaré cada vez que publique en el blog y suba nuevo vídeo al canal. Además, me veréis muy activa las mañanas de julio porque soy la capitana de la #cabañaFénix del #campwithJ que, por si no sabéis lo que es, os lo explico en este hilo.

Facebook: avisaré cuando suba contenido nuevo en el blog, YouTube o Instagram.

Pinterest: seguiré recopilando las portadas de los artículos y, si escribo algún post sobre libros que haya leído, también guardaré las portadas, como hasta ahora. Todo ello con los enlaces correspondientes al blog. De manera que, si usáis esta red social y os gusta mi contenido, podéis tenerlo fácilmente guardado y organizado.

Por supuesto, todo está sujeto a modificaciones por replanificación, elemento complementario al análisis y la planificación. Porque también me gustaría buscar información y empezar a trabajar en la futura newsletter del blog y en un proyecto secreto que verá la luz o en Navidad o ya en marzo del año que viene. De manera que, si no soy capaz de llegar a todo, igual desacelero todavía un poco más. Pero todo eso ya se verá y te enterarás en seguida si me sigues en Twitter e Instagram.

Y tú, ¿qué tienes pensado hacer este verano?

Utopía - Ana Calatayud L.

Cosecha del 96, escritora de fantasía y romántica. Actriz (empezando en el doblaje) y graduada en Educación Primaria con mención en Educación Física que aspira a convertirse en bibliotecaria.

Esta entrada tiene 2 comentarios

  1. Marieta

    ¡Buenas!

    Me parece muy bien que te tomes las cosas con calma. La verdad es que a veces no nos damos ni cuenta de lo acelerados y estresados que vamos en nuestra vida diaria. Y para no acabar mal, mejor echar un poco el freno, ¿no? Además, si combinamos el estrés con el relax seguro que rendimos mucho mejor. A todo esto, a ver si me aplico el cuento, que siempre voy estresada por la vida, haha. Creo que siempre es más fácil dar consejos que aplicarnos el cuento, hehe. A ver si algún día lo consigo… Aún así, espero que hayas pasado un verano magnífico y que hayas podido descansar.

    ¡Un abrazo, buenas lecturas y hasta la próxima!

    Marieta ~ Relatos de una náufraga

    1. ¡Hola, Marieta!
      Totalmente, a veces el cuerpo y la mente nos piden frenar el ritmo para no quemarse. Ojalá que tú también puedas hacerlo y ser más productiva con menos esfuerzo o inversión de tiempo, que al final es lo que todos queremos, saber organizarnos y que el tiempo que le dediquemos a cada cosa sea de calidad y bien aprovechado para llegar a todo sin sobresaturarnos. 🙂 ¡Y lo mismo digo! Espero que hayas pasado una buena temporada estival y ahora a recargar pilas para el otoño. ^^
      Un abrazo y felices lecturas. :3

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