Mejor hecho que perfecto: cómo superar la autoexigencia y el perfeccionismo creativo
¿Cuántas veces has dejado a medias un proyecto por miedo a que no quedara del todo bien?
¿Cuántos textos guardas en un cajón porque crees que no alcanzan ese estándar idealizado que tienes en tu mente?
En este primer episodio en solitario de Los Libros de Utopía (anteriormente El Refugio de Utopía), abrimos el corazón de par en par para reflexionar sobre una de las filosofías de vida más liberadoras para cualquier creador: mejor hecho que perfecto. Tras recuperarme de un pequeño ataque de ansiedad, me siento frente al micrófono para recordarte que la imperfección es el único camino real hacia el crecimiento personal y artístico.
¿Qué es realmente la perfección?
Para entender el peso del perfeccionismo, primero debemos analizar su significado objetivo. Según la Real Academia Española (RAE), “perfecto” es aquello que tiene el mayor grado posible de bondad o excelencia en su línea.
Esa pequeña coletilla, “en su línea”, lo cambia todo.
Significa que no puedes comparar la tarta de cumpleaños que un padre prepara con todo su cariño para su hijo de 7 años con la tarta nupcial de varios pisos de un repostero profesional. Ambas son deliciosas y cumplen su función, pero juegan en divisiones diferentes. Por lo tanto, la vara de medir la perfección debe adaptarse estrictamente a nuestras circunstancias actuales.
La trampa de la comparación con referentes inalcanzables
El gran error que cometemos habitualmente es compararnos con referentes que están a años luz de nuestra situación de partida. Por ejemplo, en mis inicios, me obsesionaba con escribir una novela feelgood que tuviera la misma maestría y delicadeza que las de Mónica Gutiérrez. Pero, al no ser Mónica Gutiérrez, esa meta se volvía inalcanzable, lo que desencadenaba sentimientos de frustración, rabia, inferioridad y tristeza.
Pregúntate seriamente: ¿por qué todo tiene que ser perfecto? ¿Y qué pasa si no lo es? ¿Para quién estás buscando esa excelencia absoluta? ¿Para ti, para tu editor, tus padres, tus lectores o para una sociedad que nos exige rendir siempre al máximo? Si la respuesta no eres TÚ, es momento de cambiar las prioridades de tu vida.
Autoexigencia: el arma de doble filo que paraliza tus proyectos
La autoexigencia puede ser útil para dar el salto de la teoría a la práctica y ponernos manos a la obra. Sin embargo, cuando cruzamos la línea y nos exigimos una perfección imposible, se convierte en una obsesión paralizante.
Si no publicas una historia por miedo a que no sea perfecta (spoiler: ¡ninguna novela lo es!), jamás recibirás la opinión de los lectores, ni obtendrás beneficios por tu trabajo, ni podrás liberar espacio mental para escribir nuevas historias. El miedo a fallar nos condena a la inactividad absoluta. Recuerda: un trabajo “suficientemente bueno” es infinitamente más valioso y útil que una obra perfecta que solo existe en tu imaginación.
El verdadero valor de tus proyectos: ¿quién define lo que vale?
Tu valía como persona no se mide en función de tus resultados académicos, laborales, sociales o familiares. No eres un fracasado por no tener un trabajo estable a los 30 o por no ser madre a los 35.
Este pódcast, por ejemplo, no es un simple número de descargas o valoraciones en Spotify. Aunque analicemos las estadísticas para ajustar nuestra estrategia de visibilidad, su verdadero valor reside en su propósito: nace de mis entrañas, de mi necesidad de expresarme, de mi pasión por la locución y la narración de audiolibros, y de mis ganas de impulsar a personas como tú a cumplir sus sueños. Ese valor lo defino yo, no los demás.
“Un arcoíris sobre París”: crear desde el lodo como refugio emocional
Al pensar en todo esto, no puedo evitar que me venga a la mente una escena de mi novela corta Un arcoíris sobre París. En ella, Mark nos cuenta que cuando estudió Bellas Artes le enseñaron que no debemos tener miedo de tirar bocetos o borrar obras enteras para volver a crear. En pocas palabras, Da Vinci no pintó la Mona Lisa el primer día que cogió un pincel.
Esta historia la escribí a los 18 años, durante mi primer año de universidad, mientras atravesaba una profunda depresión que me había arrebatado la pasión por todos mis hobbies. No era capaz de escribir nada largo, pero esta pequeña historia se convirtió en mi refugio emocional. En el personaje de Mark, el mejor amigo de la protagonista, plasmé todas las palabras de aliento y consuelo que yo misma necesitaba escuchar en ese momento de lodo y oscuridad.
La evolución del arte: corregir y volver a crear sin miedo
Años más tarde, con más madurez y conocimientos, reescribí la novela para pulir comportamientos y potenciar su bonita moraleja: la verdadera inspiración para sanar está dentro de uno mismo. Ese libro, imperfecto en sus inicios, acabó leyéndose en institutos y ayudando a jóvenes que nunca habían leído a descubrir el placer de la lectura. Eso es lo que ocurre cuando te atreves a lanzar tu arte al mundo, venciendo la ansiedad y el síndrome de la impostora.
El libro feelgood que te recomiendo 
La locución literaria de este episodio pertenece a…
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Si estás cansada de que el perfeccionismo sabotee tus sueños, te invito a escuchar este episodio lleno de honestidad, superación y amor por los procesos creativos.
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Te mando un abrazo muy calentito y reconfortante de Los Libros de Utopía.
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